jueves, 12 de febrero de 2015

Frutas y la biblia

Génesis 1:29 “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.”

       Las verduras y frutas son alimentos que Dios creó desde un principio, específicamente en el tercer día de la creación (Génesis 1:11-13), como ves, no son alimentos nuevos creados por el hombre. Dios creó estos alimentos desde un principio con un propósito, no sólo para que la tierra se viera más bonita y llena de color, sino que estos alimentos nos fueron dados para proporcionarnos energía, vitaminas y minerales que necesitamos para vivir; incluso cuentan con propiedades curativas que eran conocidas en el Antiguo Testamento y que hasta la fecha siguen siendo utilizadas.

       De todas las creaciones de Dios, no creo que haya cosa más dulce y agradable para el consumo del hombre que los frutos creados especialmente para nosotros, para nuestro paladar. Así como relata en Génesis 1:12, Dios creó toda hierba que da semilla, y todo árbol que da fruto, y vio Dios que esto era bueno.

       Mira cuan buenos estos alimentos son que Dios los creó para que nosotros pudiéramos consumirlos y con ello sentirnos bien, energéticos y saludables ¿por qué entonces no habríamos de incluir estos frutos en nuestra alimentación diaria? Claro recordando que todo alimento por más bueno que sea tiene su ración específica en el plato de cada persona, pues todo en exceso puede llegar a ser tóxico para nuestro organismo.

       Vamos a adentrarnos un poco a estos frutos y verduras que son mencionados en la Biblia, y algunas propiedades de ellos:

-Uvas, la Biblia las menciona en Génesis 40:11, Génesis 49:11, Números 13:20, 23 Apocalipsis 14:18.

       En Números 13:20 por ejemplo, habla de cómo Dios mandó a Moisés enviar a espías de cada tribu a la tierra de Canaán para que observaran como era la tierra ahí y tomaran fruto de ahí, de entre los frutos que llevaron fueron uvas, granadas e higos. Se puede ver en este pasaje como estos frutos eran parte de la dieta regular del pueblo escogido y de cómo había una temporada para cada fruta. La uva es recomendada para problemas cardiacos, ya que hace que la sangre circule de manera más fluida, también es rica en hierro por lo que es recomendable en casos de anemia por falta de hierro.

-Granada, este fruto, que es una de las mejores fuentes de antioxidantes, se menciona en Números 13:23, Cantares 4:13, Cantares 6:11, y es importante porque aquí vemos como la fruta en general es algo atractivo al gusto, al olfato, incluso a la vista. El uso de la granada es indicado en diarreas infecciosas, cólicos intestinales, acidez de estomago, anemia, arteriosclerosis e hipertensión.

-Olivas, o aceitunas, son frutos que son contados como grasas (grasas “buenas”), las encontramos en Éxodo 27:20, 2 Reyes 18:32, por las propiedades de su aceite, son recomendables en problemas de la vesícula, por ejemplo las piedras en la vesícula, y por ser ricas en fibra, tienen un efecto laxante por lo que son buenas en caso de estreñimiento.

-Manzanas, mencionadas en Éxodo 37:22, Proverbios 25:11, Cantares 2:5. En el libro de Éxodo podemos ver como estas frutas eran parte del diseño del tabernáculo que Dios mandó a Bezaleel hacer. Este fruto actúa perfectamente en diarreas o colitis, pues funciona como una esponja que absorbe y elimina las toxinas producidas por bacterias en estos padecimientos mencionados, también es eficaz en estreñimiento, e hipertensión.

-Higos, 1 Samuel 30:12, 2 Reyes 20:7, Mateo 7:16. Un muy buen ejemplo que podemos ver en la Biblia de las propiedades curativas de estos frutos es en la historia del Rey Ezequías en 2 Reyes 20:7, cuando el rey enfermó de una llaga que ponía en riesgo su vida y que los médicos no podían curar, el profeta Isaías le aconsejó diciéndole que preparara una masa de higos y la pusiera sobre la llaga, y hoy día se sigue empleando esta técnica para todo tipo de llagas y heridas, pues el liquido que se extrae de este fruto funciona como antiinflamatorio, también tiene propiedad antiinfecciosa, calman la tos, suavizan las vías respiratorias; es recomendado en casos de bronquitis, o gripe.

-Pasas, vemos su uso en 2 Samuel 16:1, 2, Cantares 2:5. Este fruto es mucho más rico en hierro que la uva normal, incluso llega a superar a la carne de cordero, por lo tanto es muy recomendable en anemia.

       Como podemos ver, por estas y muchas más propiedades, estos alimentos verdaderamente son una bendición de Dios, y nos los dio para nuestro consumo y mantenimiento, como lo menciona en Génesis 9:3 “Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo.”

       Y ahora que estamos en temporada de invierno, que mejor que hacer uso de los frutos de temporada aquí en Mexicali, que curiosamente son los ricos en vitamina C, como la guayaba, la naranja, mandarina, o kiwi. No cabe duda que el tiempo perfecto de Dios se manifiesta aun en detalles como estos, que nos da las frutas necesarias para esta temporada en que más se presentan enfermedades como la gripe o resfriado.

        Como un último consejo: Tengamos cuidado de lo que comemos, seamos cuidadosos de lo que le damos a nuestro cuerpo, y tengamos en mente este pasaje “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” (1 Corintios 10:31). Recordemos que el deber del cristiano es diferenciarse de la manera de vivir del mundo, y esto también abarca la alimentación; pues así como hay alimentos que nos pueden beneficiar, también hay los que nos pueden perjudicar gravemente. No nos dejemos influenciar por lo que hoy día se le llama alimento. No olvidemos que la mitad de nuestro plato de comida deben ser las verduras y las frutas.

Bárbara Garibay

miércoles, 11 de febrero de 2015

Hablando con Dios

   
    Actualmente hay personas que, debido a tradiciones generacionales en las que les enseñan a hacer vanas repeticiones carentes de sentido y significado en sus vidas, no han tenido la oportunidad de conocer a un Dios real, es decir, lo han dejado en el plano supremo, de tal manera que pareciera nunca tener acceso a Él, sin embargo, Jesús tomó forma de hombre, y nos enseñó una manera de conocerlo y seguir en contacto, Él es el vínculo perfecto por medio del cual podemos tener acceso y comunión.

       Es increíble todo lo que puede suceder cuando decidimos creerle a Dios y al poder de la oración. La oración es la acción de comunicarnos con Dios, es expresarle todo aquello que salgade nuestro corazón; consiste en tener una plática amena con tu mejor amigo, esa plática confiada que puedes tener a cualquier hora del día, y sobre cualquier situación que inquiete tu interior.  

       Déjame decirte que Dios no es un ser lejano, Él está siempre contigo, dirigiendo cada aspecto de tu vida a cada instante, te está acompañando y respaldando, conoce tus necesidades y las peticiones de tu corazón y, aunque a veces no te acuerdes de guardar un instante para platicar con Él, o a sabiendas decides en vez de hacerlo acostarte, ver televisión o jugar “Candy crush”, Él sigue siendo fiel y está preparado para escucharte y apapacharte en su presencia. La oración con fe abre puertas

donde no las hay, genera oportunidades para los hijos de Dios, trae sanidad, trae poder, trae salvación y victoria.

       Orar no significa “impresionar” a Dios con un amplio lenguaje, con frases sonoras que generen melodías, no es repetir lo que no entiendas, no es simular un sentimiento. La verdadera oración va más allá de características humanamente comprensibles, es tener la convicción y disposición de agradar a Dios con tu vida, que cada palabra que salga de tu boca sea una alabanza y olor grato a Él, es complacerlo, glorificarlo y permitirle que trabaje en ti. Es tener una relación íntima con tu Creador, conocerlo y vivirlo, conscientemente hacerlo partícipe de cada área y aspecto de tu vida, reflejarlo en la escuela, en el trabajo, en todo lugar, que Él resplandezca y todo empiece a tener sintonía.

       Platicar con Dios es tan sencillo que puedes hacerlo en cualquier momento del día, en la mañana al levantarte y ver el nuevo amanecer, mientras te arreglas, cuando vas en el carro camino al trabajo, al llegar a tu casa con bien y degustar los alimentos, al disfrutar un momento de paz y tranquilidad durante tu rutina… siempre hay momentos para platicar con Dios y agradecer, aunque Él ya sabe cada detalle de nuestra vida, está deseoso de impactarnos de otra manera al adentrarnos en su presencia; la comunicación se da a partir de la interacción de dos individuos, así que Dios es experto en responder. Recuerda lo que nos dice Pablo en Filipenses 4:6-7.... Bendiciones.  

Por Maribel Sánchez