Hola, mi nombre es Asael Parra, nací en un hogar cristiano y mis padres son pastores desde que yo tenía 9 años. Yo nunca objeté contra estas reglas, del alcohol, al contrario, estaba totalmente de acuerdo.
Cuando fui creciendo comencé a cuestionar el por qué no se debía consumir alcohol, los hermanos decían que la biblia mencionaba que tomar mucho alcohol era malo y que debíamos cuidarnos ya que nuestro cuerpo era templo del Espíritu Santo.

Entonces se preguntarán ¿a qué los quiero llevar con este artículo? La respuesta es sencilla, a que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y debemos cuidarlo como tal. Actualmente los cristianos solemos hacer críticas hacia el consumo de sustancias prohibidas y esto no está mal, ya que ciertamente son cosas que nos afectan y pueden dañar nuestras vidas, pero ¿acaso son sólo las sustancias prohibidas las que nos pueden hacer daño?
La respuesta es no, en nuestra dieta diaria hay alimentos que dañan también nuestro cuerpo como lo son las bebidas azucaradas, refrescos, grasas, sustitutos de azúcar, conservadores en alimentos y otros más, pero más allá de estas sustancias dañinas está la forma en la que las consumimos. Si lo pensamos bien un vaso de vino no nos hará daño ni nos mandará al infierno, así mismo un vaso de soda no nos destruirá, no hay en si pecado en su consumo el problema radica en la forma en que consumimos estos alimentos o bebidas.
No debemos perder de vista que nuestro cuerpo es el templo de Dios y si queremos que Dios habite en él tiene que ser digno de Dios. Y me dirán “Hermano Asael no todos podemos tener un cuerpo perfecto y moldeado” y es cierto, pero en este caso no estamos hablando de apariencias físicas o belleza sino de estados de salud, de la forma en que mantenemos vivo nuestro cuerpo.

Con mis palabras querido hermano no busco ofenderlo o increparlo, sólo hacerlo reflexionar en que tenemos que buscar agradar a Dios en todo y cuidando su templo es una buena manera de hacerlo. El alcohol ciertamente no destruye nuestro cuerpo si no se abusa de él, y tampoco estoy invitándolo a consumirlo ni con moderación, ya que la biblia nos dice en Romanos 14:21 “Más vale no comer carne ni beber vino, ni hacer nada que haga caer a tu hermano.” Y como yo no busco ser piedra de tropiezo le pido que no lo haga, no beba ni se embriague, pero tampoco haga de su cuerpo lo que quiera con otras cosas.

dormir bien.
Recuerde que comer lo que nos gusta de vez en cuando no tiene maldad, sin embargo el incurrir en hábitos dañinos para nuestro cuerpo y salud sólo dificultan nuestra cercanía a Dios. Así pues hermanos los invito a cuidar nuestra salud y bienestar, ya que como lo decía el apóstol Pablo, nuestro cuerpo, templo del Espíritu Santo es.
Por Asael Parra